Cuando Marte conoció a Cupido.


El Dios Marte no solo era el más venerado por todos los romanos que vivían en la capital o en los campos, sino que también era uno de los más venerados en el cielo, entre sus pares Dioses.

Marte siempre estaba desnudo parado sobre su nube, los demás Dioses se movían para saludarlo. Nunca descasaba su lanza aun más alta que el, a veces se colocaba su yelmo para recordarse vivo. Cuando lo hacia llamaba la atención hasta del mismísimo Júpiter, tanta bestialidad tan alto y grueso para ser un Dios.

Entre las entidades que lo visitaban, un día apareció un pequeño armado, el arco y la flecha llamaron la atención del Dios Guerrero, pero más lo hicieron las pequeñas alas de Cupido. Estaba flotando allí frente a él.

Las alas de ángel no las podía llevar un guerrero.

Cupido se paró sobre la nube, se encontraba casi desnudo, una tela blanca flotaba en su cintura y entre su piernas, no estaba amarrada, la tela solo flotaba con alegría alrededor de él.

El ángel le pido a Dios Marte la punta de su lanza. La quería colocar en su flecha romántica porque tenia mil misiones que requerían de una precisión divina, celestial, sabia que no podía fallar.

Marte desenrosco la punta de su lanza con paciencia, casi también sin mucha gana. Las ninfas miraban la escena desde un jardín y se desvanecían por el brillo de su Dios. Cupido sabia que solo tenia unos minutos, el poder de la punta no duraría mucho lejos de Marte. Pero con unos minutos su misión era posible.

Pero el Dios le pidió algo a cambio, a su regreso debería contarle el resultado de su enmienda. Al final Cupido compenso su favor y le hizo un obsequio a Dios Marte, una única historia de pasión.

Autor Juliano Danes, Historias del arte y la antigüedad, Enciclopedia